9 dic. 2008

Perdidos?

Perdidos?

Por: Leonardo Scarano.

Muchas veces las personas, ya sea por cobardía, por incertidumbre, por un razonamiento necio, o simplemente porque es la opción más sencilla dentro de “la caja de Pandora” (también conocida como destino); suelen tener un deseo: Desaparecer.

La razón por la cual se incurre en este deseo es inexorablemente amplia, pueden citarse como ejemplos –y sin pecar de mundanismo- una acción que nos avergüenza, una desdicha que nos golpea con cólera y nos muestra el lado oscuro de todo paraíso, una búsqueda incesante e imperfecta de nuestro lugar en el mundo plagada de tropiezos y errores, un amor desgraciado, el hecho de no haber nacido en el lugar correcto ni en el tiempo adecuado, una perdida que nos amarga y nos hace descubrir el odio en sus diversas formas y matices, una crisis existencial que demuestra la inutilidad de nuestro ser para con la sociedad. En fin, cualquier excusa es buena para desaparecer.

Al parecer es un concepto acertado e irrefutable por lo menos en principio, cualquier persona frente a una adversidad piensa en la salida más fácil y tosca. No es necesario ser un criminal asediado por la justicia y fingir un suicidio; o ser un adolescente que, pelea con sus padres de por medio, decide huir de su hogar y, por ende, de sus problemas. Todos, en lo absoluto del término, se inclinan por la opción más práctica y cómoda, el deseo de desaparecer.
El común denominador de las personas se orienta hacia la creencia de que la desaparición física conlleva a la desaparición de ideas o ideales, pensamientos o teorías, y en este caso en particular, actos o hechos. Lo cual es un error. Solo el olvido puede destruir una idea o un acto, (se piensa que la desaparición conlleva al olvido) la desaparición generalmente impide el olvido, pues cuando algo a alguien desaparece nace la idea de la falta y, posterior a ello, la idea de por qué aquello falta. Por ende, el olvido se encuentra obstaculizado no solo por la idea o a acto a eliminar, sino también por las consecuencias que generan esa desaparición, que no son ni más ni menos que nuevas ideas o actos que impiden el olvido de las iniciales.

El problema radica en que cuando el tan animado deseo se vuelve una inefable realidad, la primer y única reacción es aborrecerlo, pensarlo como una maldición o un nuevo castigo divino y hacer todo lo posible por “aparecer”. Entonces, ¿es un error la desaparición como solución frente a algún problema? La respuesta es no. Como solución es sutilmente efectiva, sirve tanto para generar una segunda oportunidad (que puede ser merecida o no) como para ocultar un pasado. El error se encuentra en el deseo. No puede desearse algo que no se quiere en su totalidad porque, a veces, los deseos se tornan una irrefutable realidad.

En resumen, y al margen de ser una incongruencia típica del ser humano modelo, cuando nace un pasado que se ansia ocultar, la primer opción es la desaparición (no es que siempre se lleve a cabo, sino que es la primer opción que se baraja frente a un abanico de posibles soluciones) física de las personas –y con ella su pasado-; luego, y una vez que el deseo se ha consumado, devienen torturas mentales producto de la soledad que nos llevan, lentamente, a desear un rescate y mas tarde a aparecer.

Obviando la dialéctica metafórica, este es el eje lógico donde Lost encuentra su apogeo: Un grupo de personas con un pasado amenazante que pesa sobre sus hombros (pues sin este pasado no habría historia que contar) y hace de sus vidas una miseria, del cual quieren escapar y que, accidente de avión mediante, se pierden en una isla del pacífico –aparentemente- deshabitada y comienzan a tejer su propia salvación. Ahora bien, pocos son los que ven esta “aventura” como una segunda oportunidad, como una extraña pero acertada manera de replantearse los problemas y encontrar soluciones imposibles de hallar de otra manera. Por otro lado, la gran mayoría de los sobrevivientes lo ven como un castigo y ansían un rescate milagros.
Se aplica perfectamente el criterio de “desaparición” planteado anteriormente.

Aun así, el eje central de la lógica argumental de Lost debió expandirse mas allá del accidente de avión y el concepto de desaparición, pues sino todo terminaría en aburridos “Robinsón Crusoe´s” con problemas personales.

Es por esto que nos encontramos con enigmas matemáticos, mitología antigua, misterios sobre la isla, sus “verdaderos” habitantes y el origen de la misma, filosofía aventurera, y un problema habitual pero casi esencial en toda historia, sobrevivir.

De esta manera transcurrirán seis temporadas plagadas de problemas, soluciones, muertes, aparición y desaparición de personajes, donde la historia navegara por diversos y complejos rumbos pero nunca alejándose demasiado de la vida, y principalmente, del pasado (aquel que en un principio se intenta desaparecer) de los sobrevivientes. Pues es ahí donde Lost encuentra su cimiento primordial donde desplegar todo su potencial enigmático y es ahí, en definitiva, donde se deben buscar -y con certeza se encontraran- todas las respuestas.

Con todos estos condimentos, el espectador caerá preso de una adicción (pues una adicción, en lo mas calido de su significado, es algo que nos genera dependencia y cierto placer; y dicen los que saben que Lost suele provocar tales efectos) a la serie televisiva.

Apéndice: Novelas Lost.

Como todo suceso mundial (y extraordinario éxito comercial) Lost posee un multiuniverso de productos relacionados, donde el objetivo de los mismos se divide tanto en ampliar el margen de ganancias de los productores como en satisfacer el voraz apetito de los fanáticos. Una convergencia peligrosa pero equilibrada.

Dentro de este multiuniverso podemos toparnos con tres novelas que amplían el encanto de la isla misteriosa. En ellas se desarrollan las ambivalencias (estructuradas en capítulos sobre el pasado y presente del personaje) de tres sobrevivientes que no obtienen protagonismo alguno en la serie televisiva.

Las críticas de los fanáticos se dividen en dos tendencias: la primera describe la sencillez argumental de las novelas y el escaso valor significativo que le añaden a la mitología de Lost. La segunda se manifiesta sobre el goce que produce leer a los personajes y las situaciones ya vistas en la serie, sin contar la faceta de descubrir nuevos personajes que fortalecen la estructura argumental de Lost.

La primer novela (Especies en peligro) salió a la venta en Estados Unidos el primero de Noviembre de 2005, y cuenta la historia de Faith Harrington, una ecologista que decide denunciar a su novio ante la policía por el asesinato del Dr. Arreglo, un científico implicado con una empresa sospechada por dañar el medio ambiente. Posterior a esta decisión y avergonzada por los engaños de su novio, resuelve tomar el primer vuelo a Los Ángeles, el fatídico 815 de Oceanic. Una vez en la isla deberá superar sus miedos y sobreponerse a su pasado, además de entablar una relación amistosa con John Locke.
La historia se desarrolla en los dos primeros días del accidente.

La segunda novela (Identidad secreta) salió a la venta en los Estados Unidos el primero de Enero de 2006, y se enfoca en la doble personalidad de Dexter (a veces de apellido Cross, otras de apellido Stubbs) quien decide crearse un pasado misterioso, dotado de un linaje respetado y adinerado para ocultar su triste realidad de muchacho humilde y de bajos recursos que, por caprichos del destino –y una demanda ganada por su tía- logra ir a una universidad de ricos. En ella se enamora de Daisy y decide vacacionar con su familia en Sydney, donde su triste verdad saldrá a la luz negándole para siempre el amor de Daisy.
Una vez en la isla, Dexter deberá enfrentarse con sus dos “yo” y acabar definitivamente con las mentiras que nublan su verdadero ser.

La tercer y, por ahora, ultima novela (Señales de vida) es quizás la mejor de la serie.
Cuenta la historia de Jeff Hadley, un famosos artista plástico y profesor universitario, pero además un galán y ávido mentirosos rompecorazones, quien dejando amoríos por doquier termina abordando el vuelo 815. Luego del accidente, Jeff aprovecha su fortuita estadía en la isla para reflexionar sobre su vida y reencontrarse como artista. A su vez es invadido por una oscura inspiración y pesadillas sutilmente reales. Este libro salió a la venta en Estados Unidos el primero de marzo de 2006.

1 comentario:

Rachel Berry dijo...

Me encantó el comentario, muy interesante. Una serie que realmente vale la pena ver entera, varias veces y analizarla de diversas formas.